Cáncer: el dragón que nunca vi venir

Todos hemos sido sorprendidos en la vida por dragones que nos ponen a prueba. Solemos prepararnos en lo profesional o laboral. En lo personal, quizá nos creamos protegidos por armaduras repelentes que no existen o que no desvían, por ejemplo, al cáncer: el dragón que nunca vi venir.

 

Una breve nota antes de comenzar: este texto no es un artículo sino una historia que te invito a leer con una buena taza, vaso o copa de lo que más te guste. Si tu tiempo no lo permite, pero aún así quieres llevarte las reflexiones y consejos aplicables en varios ámbitos, ve a la sección “¿Y qué dejó el dragón?”. En cualquier caso, gracias por tu tiempo.

 

 

Todos hemos sido sorprendidos en la vida por dragones, presentes en solitario o en conjunto, como habiendo acordado un ataque coordinado que pone a prueba todas nuestras capacidades, nuestra preparación, nuestro temple y, en veces, nuestra cordura. Solemos prepararnos, prever escenarios y hacer planes de contingencia en lo profesional o laboral. En lo personal, quizá nos creamos protegidos por armaduras repelentes que no existen o que no desvían amenazas como, por ejemplo, el cáncer.

 

Claro, sin excepción has enfrentado dragones. Tal vez una manifestación bloqueó tu camino a una cita importante; olvidaste dar seguimiento a un pendiente prioritario; un participante tropezó y se lesionó en tu evento; el staff olvidó la mitad de las instrucciones que diste en la junta precon; llovió a cántaros en tu concierto tan esperado. En ocasiones, el tal Murphy se ensaña probando su ley.

Dragón

En mi libro, El Mágico Mundo de la Industria de Reuniones, se lee: “Si un dragón se presenta, percíbelo como una oportunidad. Si te ataca, transfórmalo en posibles soluciones. Si acaso te gana una batalla, transfórmalo en posible aprendizaje”.

 

Hago un paréntesis para decir que me encantan los dragones. Sí, esos seres mitológicos o fantásticos que suelen pintarse como malvados, aunque con frecuencia son incomprendidos y menos obscuros de lo que parecen. Como figura en Alquimistas de Eventos®, me resultan excelentes para explicar que, en forma de adversidades, están para enseñarnos algo, que podemos mantenerlos a la vista como un recordatorio de nuestras experiencias.

Es más común la prevención en el ámbito profesional, que sepamos qué hacer, a quién llamar, cómo respaldarnos, aprender de la experiencia. A veces, ponemos en segundo plano lo personal, lo que corresponde a nuestro hogar, lo que no se evidencia en lo cotidiano. Es más factible que aseguremos nuestro auto que nuestra vida o patrimonio. La vacuna de influenza se te pasó, el check-up médico no parece necesario, no has armado tu mochila de emergencia o no viste las red flags en tu relación. Vaya, cosas así que “nunca nos pasan”.

 

Además, hay dragones que, a pesar de nuestros pronósticos, no vemos venir. El cáncer es el dragón que nunca vi venir.

 

Esto que te comparto surge a partir de voltear la mirada y observar todo lo que ha ocurrido en las últimas semanas. En realidad, hace no más de veinte que este dragón extendió sus alas y me miró para ponerme a prueba y hacer patentes cosas que no tenía tan presentes. Lo que quiero es contarte un poco de la historia y mezclarla con lo que me ha ayudado a lograr que la vida en general siga, las herramientas que pueden salvarte no necesariamente de una enfermedad así, sino de cualquier otra adversidad.

 

Lo hago sin pretensiones. Tengo muy claro que en mi vida he sido privilegiada en muchos sentidos. Incluso, en este caso, lo que he pasado no se compara con lo que muchos otros han sufrido. Pero, si mi dragón canceroso te sirve para comprender cualquier cosa que necesites comprender, este texto cumplirá su misión.

UN AÑO EXTRAÑO

 

Este año ha sido “extraño” para mí en varios sentidos, atípico, y no lo digo solo por el trabajo. Inició entre apuros para impartir mi curso De Meeting Planner a Alquimista de Eventos en formato híbrido por primera vez, justo antes de emprender un viaje de vacaciones súper anhelado. Me tomé el tiempo, lo disfruté enormemente y tengo increíbles recuerdos y sensaciones que vienen con ellos. Antes y después de esto, estuve más loca que de costumbre porque tomé una certificación del CONOCER cuya oportunidad fue un tanto imprevista y demandó un enorme esfuerzo para reponer el tiempo vacacionado.

 

Todo esto que ocurrió a inicios del año, aunado a la actividad propia de mis clientes, me hicieron tomar un ritmo de trabajo más lento después. Reencontrar el ritmo en un estado de agotamiento resultó un tanto difícil. Entre tanto, luego de muchos meses de monitorear ciertos aspectos de mi salud, por fin me ordenaron una biopsia en un nódulo tiroideo. Iniciando agosto, llegó la noticia: carcinoma papilar de tiroides.

 

Aquí inicia la jornada insospechada.

Cáncer de tiroides

¿EL DRAGÓN LANZARÁ FUEGO?

 

Primero, no entiendo muy bien qué significa. O sea, ¿eso es lo mismo que decir “cáncer de tiroides”? Suena diferente, ¿son sinónimos? Claro, en lo que llega la consulta médica hay que Googlear para tener una leve noción, ¿no?

 

Siendo un ente raro como soy, luego de Google, lo primero que viene a mi mente es: ¿qué tengo que hacer para que mis compromisos profesionales sigan su curso? ¿A quién debo llamar, con quién me puedo apoyar, qué debo adelantar para que los eventos contratados lleguen a buen término? ¿En quién delego la nueva solicitud de cotización? ¿Estaré para impartir mi conferencia sobre psicología de eventos en agosto? ¿Y si me confirman la de octubre? Luego, entre estos pensamientos se intercalan otros: los de una enfermedad que aún no me explican, que no sé si me llevará a quedar calva y vomitando por las quimios, que no sé qué significará para mi esposo, mi perro, mi familia, mis negocios. ¿Cómo entra esto en mi agenda?

 

De pronto, llorar poquito. De pronto, planear, enlistar pendientes. De pronto, llorar otro poquito. De pronto, pensar a quién citaré y cuándo. De pronto, pensar en lo desconocido. De pronto, asegurarme de que todo está listo para viaje del día siguiente. De pronto, llamar a mi agente de seguros para ir sondeando la situación. De pronto, mi esposo aparece más temprano en casa, desconcertado por la noticia que entendió cuando le envié los resultados del estudio. Todo, en pocas horas.

 

Más tarde ese día tuvimos una videollamada con el endocrinólogo, quien me dice que le urge que me hagan una cirugía y me quiten la tiroides. Yo estoy a horas de salir de viaje a operar un evento, así que, entre todo, hay que contactar a un oncólogo y agendar cuanto antes, ¿no? Aun así, no me queda muy claro el porqué de la urgencia. ¿Es por precaución o hay algo que no estoy viendo? Seré paciente.

 

Operar el evento como si nada. En realidad, la noticia no me descolocó tanto como se habría supuesto. Algo en mí me mantuvo en el centro la mayor parte del tiempo, excepto una noche cuando el miedo me invadió ante la falta de certeza. Lo peor para mí es no saber, en cualquier escenario.

Tiroides

En la semana siguiente, veo al oncólogo, quien primero me pregunta por qué no hice antes la biopsia. (¡Claro, no es que uno determine cuándo debe practicarse!). Luego, me dice que estamos a tiempo, que el nódulo es pequeño y que la gran mayoría de los pacientes con cáncer de tiroides (por cierto, la mayoría somos mujeres) se recuperan del todo. El pronóstico es que todo será cool. Entonces, pues a iniciar los trámites con la aseguradora, que siempre resultan más lentos de lo que nos convendría.

 

Así, mi tiroidectomía se programa hasta inicios de septiembre. Mientras tanto, trabajar con clientes que han sido maravillosamente solidarios en la situación; proveedores que han cumplido con su parte para entregar lo prometido, o puesto un extra para aligerar la carga; mi colega y amiga quien siempre se pone la camiseta de 360 para sacar adelante los proyectos; ser transparente con quien me invitó a impartir conferencias y que, pacientemente, aguardó mi reconfirmación unos días. 

Dejo el hospital un día después de la cirugía e inicio una recuperación que se volvió una montaña rusa. Desde una muy mala pasada por las náuseas luego de la anestesia, para luego irme a casa con 21 pastillas por día. Más náuseas, mareo, estado zombi en ratos. En otros, todo cool en lo que cabe. Días después, conforme bajaba la cantidad de medicamentos, también lo hacían los malestares. No las náuseas.

En realidad, la cirugía como tal resultó muy bien y aplaudo al maravillosamente talentoso cirujano por ello. La laparoscopía permite maravillas hoy, gracias a lo cual no parece que un asesino serial intentara matarme. Por supuesto, hay molestias en la boca porque es la vía de acceso y se me hizo fibrosis en el cuello, tal vez por masajearme con demasiada delicadeza (no entendí que debía ser tortura y no masaje). Si bien, la recuperación es mucho más rápida, hay efectos colaterales que no imaginamos con facilidad. Aunque el nervio que controla la voz se encuentra bien, mi cuello se tensa cuando hablo mucho y me pone ronca o me dificulta respirar. Hola, fisioterapia.

 

A las dos semanas operé un evento de 500 personas. Muy pocos sabían sobre mi condición y mi cuerpo apenas demostró síntomas. Después, me di cuenta del trabajo que sería recuperarme del cansancio. Las hormonas producidas por la tiroides, claro, solo las produce esta. Unas tres semanas después, el cuerpo las echa de menos en forma de cansancio y falta de concentración… es como haberse ido de fiesta, pero sin la diversión. Entonces: un día bueno, dos malos, uno más o menos, dos buenos, y así.

La parte que yo no había experimentado del cáncer, una que seguro carcome a quienes lo padecen es la incertidumbre. Se presentó cuando el cirujano oncólogo solicitó que se volviera a realizar el estudio histopatológico de mi tiroides. Entonces, tramitar, esperar, seguir esperando, no saber si otro tratamiento sería necesario o no. Conclusión: a administrar yodo radioactivo para, en términos llanos, matar a las células tiroideas que quedaron vivas o extendidas luego de la cirugía. O sea, prevenir que el cáncer se presente en la zona o en otra parte de mi cuerpo.

 

Pero, entre todo, yo ya tenía otro viaje programado con grupo. Así que, la resolución fue comenzar a tomar las hormonas (cosa que haré ya de por vida) para que mi cuerpo recuperase su energía y mi cerebro su capacidad de concentración. Esperar otros días para nuevos análisis de laboratorio y, entonces, solicitar la aprobación del seguro de gastos médicos.

 

Como las células tiroideas son las que absorben el yodo en el cuerpo, primero hay que ponerlas “hambrientas” para luego darles el yodo que las matará en algún momento. Entonces, ¡a hacer dieta sin yodo! No sal yodada, soya, yema de huevo, embutidos, lácteos y derivados, pescados de mar, brócoli, piña, alimentos industrializados y otras cosas. ¿Alguna vez te has puesto a leer etiquetas y notado que hasta los sustitutos de lácteos contienen sal yodada o soya? No es que mueras de hambre, pero tu dieta se vuelve algo aburrida e insuficiente hasta que reinventes tus platillos. (Lo más triste: no pude comer pan de muerto, ja ja ja). Extendí la dieta debido al tortuoso y largo trámite gestionado con la aseguradora. ¡Qué bien que no estaba moribunda!

 

Tramitar el tratamiento sin conocer todos las aristas, entre dónde se puede, cómo cada hospital lo maneja, si el hospital que lo aplica corresponde a tu póliza, etc. nos vuelve a los pacientes y familiares estresados y conocedores. Diferentes situaciones salieron de mis manos, alargando el proceso y obligándome a delegar un evento en el cual quería estar presente. Claro, “la salud es primero”, pero cuando en tu ADN viven la responsabilidad y el compromiso, cuesta un poco soltar ciertos “bebés”. Pero todo resultó muy bien, y agradezco a la tecnología que nos teletransporta, ja ja.

 

En la espera incierta, el estrés latente que vive bajo tu piel, listo para detonarse tan pronto el vaso derrame la gota, te afecta por más cansado u ocupado que estés. Para mí, cedió hasta el día que volví a mi casa luego del tratamiento. 

Yodo 131

El tratamiento de dosis ablativa con yodo radioactivo I-131 consiste en tomar líquido de un frasquito mientras se está internado en una habitación de hospital aislada con plomo por 24 horas (para mi dosis). Luego, aislarse unos días (a menos que se tenga una casa amplia con más de un baño y una cama) para no transferir la radiación a otras personas. Si no hay molestias, como afortunadamente fue mi caso, bien se puede aprovechar el tiempo para concentrarse en las tareas o en descansar sin interrupciones. 

Hubo una doctora tremendamente cordial quien me ayudó a gestionar todo en el hospital, y la médico nuclear que estuvo al pendiente de mi tratamiento me explicó todo perfectamente mientras estuve internada. Valoro y agradezco el profesionalismo y sentido humano de ambas.

 

Una semana después de la administración del yodo, debe hacerse otro estudio de rastreo para identificar dónde se fijó el yodo y poder hacer estudios de control meses después, esperando que el cáncer se haya ido del cuerpo. No queda más que estar atento, bajo vigilancia, y orar por que todo resulte bien en lo sucesivo. Por lo pronto, el estrés se diluye y los familiares quienes acompañan al paciente en todo el trayecto pueden también respirar con tranquilidad.

Apoyo médico

¿Y QUÉ DEJÓ EL DRAGÓN?

 

Habiéndote descrito todo el drama, que deseo de todo corazón que nunca vivas de cerca, te dejo con unas reflexiones y, si me permites, consejos aplicables en tu vida.

 

  • Sigo siendo privilegiada. Sí por mis capacidades, incluyendo la de identificar diferentes caminos para resolver problemas. Sí porque hay alguien que siempre me cuida. Sí por mi familia cercana que siempre me apoya. Sí por contar con manos extras de las que puedo tomarme. Sí porque mis decisiones y acciones me han dado herramientas para enfrentar esta enfermedad que, en realidad, no ha sido catastrófica. Sí porque me he topado con talentosos médicos poniendo al servicio de nosotros sus capacidades, aplicando soluciones de las que no tenía idea alguna.
    ¿Qué es lo que tú puedes apreciar y agradecer hoy, que tal vez ya te parece obvio?

  • Sigo siendo un ente extraño. A mi médico le presenté pequeñas cosas que no le habían ocurrido en N cirugías. También a mi agente de seguros. Así que, nunca subestimes tus experiencias porque pueden hacer que otros aprendan o reconsideren algo. Igual ayúdalos a comprender su relevancia.

  • La información es poder si se le usa con conciencia. Para mí, el conocimiento es vital y me da tranquilidad. Al inicio, no quise intoxicarme buscando demasiada información sobre mi enfermedad, pues no quería predisponerme ni sugestionarme. Sin embargo, en el camino entendí que una dosis razonable de información curada ayuda a hacer las preguntas correctas y anticiparse a lo que no nos dicen.

    Mi cirujano oncólogo es brillante, pero, como probablemente les ocurre a varios, su sensibilidad se reduce ante tantos casos y no puedo esperar que me trate como el internista que me conoce de años. Me quedé con la primera impresión de que mi cáncer era leve, mi recuperación sería simple, y que lo más probable es que no necesitaría yodo radioactivo. No me explicó algunos aspectos, no pregunté cosas que no se me ocurrieron porque no tenía mucha idea. Fui aprendiendo sobre la marcha, preparándome y resolviendo conforme avanzaba.

    Entonces: infórmate responsablemente, pregunta, manifiesta cualquier inquietud. Tú (salvo que sí) no eres el experto; ponte en sus manos, pero hazlo trabajar contigo. También, hay áreas donde él no es el experto, pero otro sí; orquesta sus conocimientos a tu favor. 

    En realidad, esto aplica también en tus eventos: cuida y comparte con diligencia la información, de modo que quienes te acompañan y los participantes tengan claridad en todo momento.

  • La famosa red de apoyo es absolutamente vital. Esto aplica para quién dé continuidad a tu trabajo o negocio, quién te prepare de comer si estás convaleciente, quién cuide y pasee a tu perro mientras no puedes hacer esfuerzos.  Pero, igualmente importante, saber que hay gente que se interesa en tu bienestar. Estas enfermedades no son atractivas para publicarlas todo el tiempo, pero esas contadas personas que te apoyan o te preguntan cómo
    sigues, te reconfortan y permiten que te enfoques en lo relevante.
  • Tener a tu alrededor a colegas y proveedores que te conocen, se comprometen con tus proyectos, te apoyan, te respaldan en cualquier situación, hace toda la diferencia. Los eventos que he tenido en estas semanas han resultado exitosos gracias a la gente con la que colaboro y la confianza que hemos depositado unos en otros.
  • Tener orden en tus cosas personales y profesionales facilita tu trabajo y el de los demás. No solo se trata de delegar o de confiar en otros. Los demás deben acceder a la información y recursos que necesiten oportunamente para hacer su parte. Al final del día, no hay garantías de que mañana estarás presente, aun si no tienes ninguna enfermedad.

  • Si cuentas con seguridad social, qué bien, y que tengas el tiempo y la paciencia para lo que ha de ser todo el proceso. Si no, o si puedes hacerlo como medida adicional, contrata un seguro de gastos médicos mayores y un seguro de vida. No hay dinero que alcance para cubrir padecimientos de este tipo. Nadie tiene garantizado que jamás sufrirá algo así, ni que todo lo que requieras estará disponible en cualquier plan.

  • Cuida tu cuerpo siempre: aliméntate bien, haz ejercicio, duerme lo mejor posible. No digo que soy un ejemplo que seguir, pero, cuando la parte superior de tu cuerpo no debe hacer esfuerzos, la fortaleza del resto salva cada día.

  • Cuida tu mente y tu espíritu. Sí, tal vez realizar la biopsia más temprano habría cambiado algo. No obstante, mi estado emocional y mi carga de trabajo meses antes probablemente me habrían orillado a absorber la noticia de una forma muy distinta. ¿El resultado habría sido equivalente? Jamás lo sabré; tampoco lo necesito.

  • Tu familia más cercana se vuelve parte de esto, queriendo o no. Necesitas de su comprensión, fortaleza y apoyo. También necesitan de tu comprensión, fortaleza y apoyo. Esto no es fácil para nadie, así que agradezco y reconozco a mi esposo por acompañarme y soportarme en cada paso, así como a mis padres, especialmente por ser unos amorosos “abuelos perrunos”.

  • Confía y agradece. No podemos tener siempre todas las respuestas ni justificaciones. A veces, simplemente las piezas se acomodan en ciertos lugares porque así tenían que ser. Para nada te invito a dejar tu vida al azar. Pero, sí creo que algunas cosas suceden o no sin que podamos explicarlo ni visualizar la razón; con el tiempo tal vez lo entendemos. Si algo en tu vida ha ocurrido o te ha evitado, aunque lo hayas buscado, probablemente debas dejarlo fluir y confiar en que hay un orden superior que te dará algo mejor.

Y SE FUE EL AÑO

 

El cuento terminó en diciembre, así que, con la rareza de este 2025, dejé que las cosas siguieran su curso sin presionar. El tiempo se volvió más relativo que antes: lentísimo para la espera, abrumadoramente rápido para la lista de pendientes, ambiguo según el punto de contemplación; pasaron semanas que sentí como meses, y los meses se fueron en un parpadeo.

 

Decidí dar prioridad a atender mi salud y dar cauce a los proyectos que ya tenía en mi calendario, sin perseguir lo que no estaba en el radar. Mi agenda se dividió entre los eventos o viajes o cursos, y mi cirugía o tratamiento. Y estuvo bien. Ya habrá oportunidad de recalcular.

Te agradezco por leer hasta aquí. Sé que fue largo y que he tomado varios minutos de tu tiempo y atención. A cambio, espero haberte dejado algo en qué pensar, o para comprender si tienes un caso cercano, o que pueda resultarte útil en otras circunstancias. Si atraviesas por algo similar, te abrazo.

 

Los dragones tienen mala pinta y mala fama. Sin embargo, tal vez quieren mostrarte algo digno de abrazarse. No amo todas las células de mi cuerpo; no amo a esas células cancerígenas. Pero hay otros miles de millones que merecen mi cuidado. Este dragón que nunca vi venir me ha dejado con algunas cicatrices, pero agradezco por estar aquí y hablarte de ellas.

 

Si haces Alquimia, la llevas a todos los aspectos de tu vida. Los eventos son solo una fracción; la diferencia comienza en tu propio ser. ¿A dónde puedes llevarla, a quién puedes compartirle su relevancia? ¿Qué sabes hoy que enriquezca a otro si se lo compartes?

 

 

Por cierto… ¡me desquitaré con la rosca de Reyes! 😊

 

 

#HazAlquimia

 

 

Norma Ronces

Alquimista de Eventos Corporativos y

Potenciadora de Meeting Planners Profesionales

¡Comparte las ideas!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *